Evaluando el impacto de las huertas amigables con las personas mayores

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El proyecto de Adaptación basada en Ecosistemas en Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores es financiado por el Global EbA Fund y es implementado en América Latina por HelpAge International. En México, el proyecto es implementado por la Fundación Placemaking México. La iniciativa busca fortalecer la resiliencia climática en contextos urbanos mediante soluciones basadas en la naturaleza, integrando un enfoque de inclusión, envejecimiento activo y participación comunitaria.

Actualmente, el proyecto se desarrolla en Bogotá, Colombia, y en Ciudad de México, México, a través de demostraciones en huertas urbanas comunitarias.

En este contexto, se realizaron grupos focales en la huerta comunitaria Brisas del Volador, en Bogotá, y en la huerta Nuevos Horizontes, en Ciudad de México, con el objetivo de identificar los cambios generados en la vida de sus participantes y en el fortalecimiento de estos espacios.

En Brisas del Volador, en Bogotá, uno de los principales hallazgos fue la consolidación de la huerta como un espacio de encuentro, aprendizaje y construcción de comunidad. Las personas participantes destacaron el fortalecimiento de los vínculos sociales, el trabajo colectivo y la posibilidad de compartir saberes, especialmente en torno a la agricultura tradicional. Esto ha permitido reconectar con experiencias de vida previas y fortalecer el sentido de pertenencia.

También se evidenciaron impactos positivos en la salud emocional y mental de las personas mayores. La huerta es percibida como un espacio de alivio frente al estrés, el aislamiento y las cargas del cuidado, donde las personas pueden mantenerse activas, despejar la mente y encontrar propósito en sus actividades cotidianas.

Las mejoras físicas implementadas han facilitado de manera significativa la participación. Elementos como las camas elevadas, los caminos de gravilla, las áreas de descanso y la optimización del sistema de riego han reducido las barreras físicas, permitiendo mayor comodidad y permanencia en el espacio.

Asimismo, la comunidad destacó avances en el aprendizaje técnico y organizativo, incluyendo nuevas prácticas de siembra, manejo de cultivos y formas de trabajo colaborativo. Estos aprendizajes se han acompañado de un mayor nivel de articulación comunitaria y fortalecimiento de capacidades para la gestión de la huerta.

En términos ambientales y alimentarios, se identificaron beneficios como la mejora en la calidad del espacio verde, el retorno de abejas y aves, y el acceso a alimentos frescos y limpios a través de la producción comunitaria. Estos cambios contribuyen a fortalecer la resiliencia del territorio frente a los efectos del cambio climático.

En la huerta Nuevos Horizontes, en Ciudad de México, los participantes destacaron cómo este espacio se ha convertido en una fuente de tranquilidad y bienestar mental. En un entorno urbano dominado por el concreto, el huerto ofrece un respiro visual y emocional, donde el contacto con la naturaleza permite desconectarse de las tensiones cotidianas.

Además, se observó un aumento en la biodiversidad local, con la presencia de abejorros, aves e insectos que anteriormente no eran visibles en la zona, evidenciando el impacto positivo de la recuperación de espacios verdes en contextos urbanos.

El grupo también subrayó beneficios ambientales directos, como la generación de sombra, la reducción del calor y la mejora en la calidad del aire. Desde lo social, se destacó el valor del espacio como una oportunidad para la participación activa de personas mayores, gracias a su accesibilidad y a soluciones como las camas elevadas.

Asimismo, el huerto se proyecta como un espacio de integración intergeneracional, aprendizaje y encuentro comunitario, con potencial para consolidarse como un centro cultural, educativo y recreativo para el barrio. En este sentido, la comunidad resaltó la importancia de visibilizar estos resultados para fortalecer la participación y generar nuevas actividades colectivas.

Los resultados evidencian que estas huertas no solo cumplen una función productiva, sino que se han transformado en espacios integrales que promueven el bienestar, la inclusión y la cohesión social. A través de estas experiencias, se consolidan como ejemplos de cómo soluciones basadas en la naturaleza pueden contribuir a la adaptación climática y al fortalecimiento del tejido comunitario en entornos urbanos.

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