Taller intergeneracional fortalece la adaptación climática en Bosa, Colombia

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En la huerta comunitaria Los Girasoles, ubicada en el barrio La Paz de Bosa, en Bogotá, Colombia, niñas, niños, personas jóvenes y personas mayores se reunieron para reflexionar colectivamente sobre los impactos del cambio climático en su territorio. Durante el mes de septiembre, este espacio verde se convirtió en el escenario del Taller de Chequeo Climático Comunitario, una jornada que reunió a participantes de entre 3 y 75 años, demostrando que la acción climática también se construye desde el diálogo entre generaciones.

A partir de la conversación y la observación del entorno, la comunidad identificó algunos de los principales cambios que ya se sienten en el territorio, como la alteración de los ciclos de lluvia y el aumento de las temperaturas, fenómenos que afectan tanto a las personas como a los ecosistemas urbanos que las rodean.

La huerta como herramienta de adaptación basada en ecosistemas

Frente a estos desafíos, las y los participantes exploraron cómo la huerta comunitaria se ha consolidado como una herramienta clave de Adaptación Basada en Ecosistemas (AbE). A través de la siembra de especies más resistentes, el uso de prácticas sostenibles y el cuidado colectivo del suelo, la huerta ofrece soluciones concretas que contribuyen a reducir la vulnerabilidad climática y a proteger la vida en todas sus formas.

Este enfoque reconoce que la naturaleza, cuando es cuidada y fortalecida desde el conocimiento local, puede convertirse en una aliada fundamental para enfrentar los efectos del cambio climático en contextos urbanos.

Un espacio de encuentro, bienestar y expresión comunitaria

Más allá de su función agroecológica, quienes participaron en el taller destacaron el valor de la huerta como espacio de encuentro comunitario. Para la comunidad, Los Girasoles no solo es un lugar de producción de alimentos, sino también un entorno terapéutico que aporta al bienestar emocional, fortalece los vínculos sociales y abre posibilidades para el desarrollo de actividades artísticas y culturales que refuerzan la identidad barrial.

La huerta se proyecta así como un espacio vivo, donde el cuidado del ambiente se entrelaza con el cuidado de las personas y la construcción de comunidad.

Aprendizaje intergeneracional frente al cambio climático

El taller reafirmó la visión de que las huertas urbanas son polos de desarrollo comunitario integral. Funcionan como aulas verdes donde el conocimiento fluye entre generaciones: las personas mayores comparten saberes y experiencias, mientras niñas, niños y jóvenes aportan nuevas miradas y energías, creando redes de apoyo y cuidado mutuo frente a los desafíos climáticos y sociales.

Esta experiencia hace parte del proyecto Integración del enfoque de Adaptación Basada en Ecosistemas (AbE) en Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores en América Latina, una iniciativa que se desarrolla en México y Colombia y que promueve soluciones basadas en la naturaleza, poniendo en el centro la participación comunitaria y el bienestar de las personas mayores.

El proyecto es financiado por el Global EbA Fund, un fondo que apoya acciones de Adaptación Basada en Ecosistemas orientadas a fortalecer la resiliencia de comunidades vulnerables frente al cambio climático.

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