Santos Regino Corea, 76 años. Honduras

(C) Jonas Wresch/HelpAge InternationalSantos es oriundo de Sábana Grande, pueblo del departamento de Francisco Morazán en Honduras. Tiene 76 años y es  viudo, pero vive con su hija y ve a sus otros hijos una vez al mes.  Santos  nunca fue a la escuela porque cuando era niño no había una en su pueblo. En su condición de persona mayor y  habitante rural, Santos afirma haber sido discriminado en la ciudad.

Santos trabaja los viernes y sábados como negociante, vendiendo frutas y verduras en un mercado de Tegucigalpa y también se dedica a la agricultura, "para el consumo de  mi casa", señala. A pesar de no haber ido a la escuela él es autodidacta con las sumas y las restas, y se las arregla para vender en su puesto.  Sin embargo, no sabe calcular cuál es su ganancia en un mes.

"No recibo pensión del Estado. Sólo una vez al año recibo una ‘bolsa solidaria'  que me alcanza sólo para dos semanas". Santos dice que hace 10 años el Estado le dio 500 lempiras (cerca de 23 dólares). Sin embargo,  afirma que el dinero  no le alcanza, "ahora la vida está muy cara...todo es más caro, no rinde el pisto (dinero)". Agrega que tiene fe en Dios y eso lo sustenta.

Sobre su estado de salud, señala que como hace 9 años fue al Hospital para el tratamiento  de la artritis, pero no logró mejorar. Actualmente utiliza un bastón para sostenerse porque una de sus piernas tiene una deformidad a consecuencia de la enfermedad, y para el tratamiento de la artritis él es quien debe comprar las pastillas porque no recibe un descuento en  los centros de salud pública.

A pesar de su situación, Santos afirma que trabajó y cumplió, y con bastante tranquilidad menciona  que lo único que espera es descansar en paz.

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